El balcón natural a la entrada de la ría de Pontevedra

La ría de Pontevedra queda a los pies del visitante desde la ladera de Pastoriza, en la parroquia marinense de Ardán, un escenario de postal para ver Ons, A Curota (en A Pobra) y, en días despejados, hasta Sálvora


La Voz

El coche avanza con cautela por la única pista asfaltada que conduce al mirador de Pastoriza, en la parroquia marinense de Ardán. También se puede dejar aparcado en la aldea, porque el camino hasta la ladera es de unos pocos minutos a pie. Vale la pena acercarse a este lugar, preferentemente en un día despejado y sin niebla, para poder obtener una de las panorámicas menos conocidas de la ría de Pontevedra y de las islas de Ons y Onza. Un escenario que merece inmortalizarse al menos en una foto si viaja por la comarca de O Morrazo. El monte de Ardán mira al norte y enfila directamente hacia otra cumbre referente en las Rías Baixas, pero situada en otra provincia, A Curota, en A Pobra, cuya silueta no deja lugar a dudas en la distancia. Además, cuando la neblina no enturbia la visión, en la lejanía al noroeste se puede ver con total nitidez otra isla: Sálvora.

El camino está señalizado con las marcas de una ruta de senderismo desde la pista de acceso. El visitante descubrirá que el camino asfaltado termina justo delante de unas antenas de televisión y radio y que entonces el trazado continúa por un tramo polvoriento de tierra entre toxos. No debe desanimar esa primera impresión, porque en menos de cinco minutos por ese sendero se llega a un punto donde la ría de Pontevedra se extiende ante nuestros pies en una espectacular panorámica.

Al oeste, marcando la entrada de la ría, se encuentran cabo Udra, en Beluso, y punta Cabicastro, en Portonovo. En el medio, coquetas, las islas de Ons y Onza deslumbran con todo su esplendor. En días claros se ven las casas de O Curro, la aldea principal de Ons. En el mar, se observan perfectamente los polígonos de bateas y se pueden seguir los periplos tanto de los bateeiros como de los barcos de pesca y embarcaciones deportivas y mercantes que surcan las aguas de la ría entre sus distintos puertos. Si va con alguien de fuera de Galicia, este es una buena ubicación para explicarle qué es una ría y también qué son las bateas.

Justo a nuestros pies se encuentra Seixo, en Marín, y desde aquí se pueden ver la playa de Loira y el puerto deportivo de Aguete. La circunvalación de Marín discurre como una gran serpiente a la derecha, aunque la localidad misma no está al alcance de la vista, tapada por el monte de Penizas. Si mira más aún a la derecha, se divisan Pontevedra y los montes del interior de la provincia.

Al otro lado del mar, en sucesión de derecha a izquierda, la panorámica ofrece la isla de Tambo, Covelo, Samieira y Raxó, en Poio, así como de las villas turísticas de Sanxenxo y Portonovo, además de las playas de Areas y Baltar. Más al fondo se encuentra la península de O Grove, donde luce San Vicente do Mar.

Sálvora marca la entrada de Arousa, ría que, aunque no se viese, se intuye, mientras al fondo de todo el monte de A Curota, ya en la provincia coruñesa, se alza como impresionante mole de piedra. Haga esta visita con calma, aproveche el paisaje, el camino, y, si se cansa, no se preocupe: hay un banco donde poder sentarse y seguir disfrutando.

Las cascadas secuestradas

xosé ameixeiras

En la falda oriental del Pico de Meda, el techo de la Serra do Santiaguiño (Zas), el río Grande, aún chico, se lanza en una serie de cascadas secuestradas por un bosque ribereño junto con molinos y batanes

La Serra do Santiaguiño tiene su techo en el Pico de Meda (566 metros). Está en territorio de Zas, pero casi pisa Coristanco y Santa Comba. En los días claros se puede ver toda la Costa da Morte desde este lugar; hay quien asegura que incluso en alguna ocasión llegó a divisar parte de la bahía de A Coruña. Por su ala oriental discurre el que más abajo será el río Grande, Porto, aún casi riachuelo, sorteando praderas y brañales.

Un poco más abajo de la aldea de Vilar Ramilo (Gándara, Zas) el pequeño cauce llega entre praderas a su montaña rusa particular. Junto al cruce que lleva a Moucos la maleza esconde un prodigio de la naturaleza y de la vieja ingeniería rural. Solo la sinfonía del agua saltando las rocas delata la existencia de las cascadas de O Rabiñoso.

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