Un paseo por la ciudad encantada

La ciudad encantada de Galicia está en la Costa da Morte. Un fabuloso museo pétreo con figuras antropomórficas y zoomórficas conocido como los Penedos de Pasarela e Traba, entre Vimianzo y Laxe


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Los Penedos de Pasarela y Traba son un agasajo de los siglos. Al igual que O Pindo, son las primeras rocas que se formaron en Galicia. Afloraron hace 300 millones de años. Lo que ahora vemos cristalizó a 20 kilómetros de profundidad. Una acrópolis visible desde varios puntos de la zona que cautiva espíritus místicos. La naturaleza esculpió piezas que muchos artistas tendrían dificultades para reproducir, además de estar salpicadas con historias de supuestos sacrificios y liturgias paganas.

Ya en 1835, el Instituto Geológico y Minero de España los declaró como Formas Singulares en el primer mapa geológico de Galicia elaborado por Guillermo Schulz. Luego, la maleza los fue cubriendo, como si los quisiera poner a buen recaudo. Aun así, a finales de los 90 hubo un intento minero para convertirlos en cascajos, pero la Administración lo evitó y los declaró Paisaxe Protexida en el 2009.

El recorrido por esta ciudad encantada se puede iniciar en Pasarela (Vimianzo), donde hay letreros indicadores. La senda habilitada por el Concello lleva directamente a la Pedra da Barca, que, según la leyenda, es el arca de Noé varada después del diluvio. Frente a ella está la gran mole de A Cachucha, con una especie de lancha en su corona. Por la izquierda empieza una auténtica muestra escultórica. Un cantor gigante, una nave o una gran pezuña, según se mire; un camello sobre el que los visitantes suelen hacerse fotos, el gran perfil de un piel roja, el rostro de un payaso y hasta un tapir, amén de un conjunto infinito de formas zoomórficas y antropomórficas que, si no fuese por la vegetación que ha crecido y cubre a muchas de ellas, uno podría echar el día tratando de abarcar con su imaginación el catálogo que le regala la vista.

Del área de A Cachucha se puede salir hacia a la Galla de Pena Forcada, donde uno encuentra las piezas más simbólicas y recibir en el rostro la brisa atlántica procedente del enorme arenal de Traba (Laxe) y observar desde lo alto la inmensidad del océano. En medio, el gran dragón poniendo un huevo y pequeñas formaciones que semejan más camellos, Dumbo, O Berrón, pero los tojos complican la aproximación. Siguiendo el sendero habilitado por el Concello se llega a la Forcada, cuyo despliegue de esculturas da para admirar un buen rato, pero si alguna destaca sobre las demás es la Dama da Costa da Morte, un rostro de una mujer con la melena al viento. En las proximidades, un gran yunque o paloma de la paz, que las dos cosas puede ser dependiendo desde donde se mire; un vigilante antediluviano que otea el horizonte, reproducciones de reptiles varios, una gran tortuga e incluso, entre muchas otras, la reproducción natural de un órgano sexual viril. La imaginación es libre, incluso para abalar una de las piedras del entorno.

No debería perderse el visitante una visita a la Torre da Moa, ya en Laxe. Hay quien situaba allí las Aras Sextianas que describían los geógrafos romanos. En la subida está la Capela dos Mouros, con restos de cerámica y de dos muros que solo podrían ser restos de una torre de altura fabulosa junto a un precipicio.

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