
La belleza del paisaje arraiano se mezcla con el carácter de un pueblo único y excepcional. O Couto Mixto, hoy disperso en tres aldeas ourensanas, fue en su día una de las primeras repúblicas de Europa
11 feb 2019 . Actualizado a las 20:53 h.Escuchaba, escéptica, las aventuras de aquel pasado extraño que a su abuelo tanto le gustaba evocar. Victoria Domínguez las atribuía al desgaste de la memoria. A Rosa Bautista le ocurría lo mismo. En su casa fantaseaban con la leyenda de la princesa que buscó refugio en las casas del valle y devolvió el favor con una carta de privilegios. «Cría que se trataría dunha copla máis», reconoce Rosa. «Canta razón tiña meu avó!», suspira Victoria. El lavadero es uno de los puntos de encuentro de la aldea de Santiago, ahora perteneciente al concello de Calvos de Randín. En su día, este rincón con vistas a la portuguesa villa de Montalegre fue O Couto Mixto. Si hay un lugar insólito en Galicia es en el que ellas viven.
Ocho siglos de independencia
Ya no figura en los mapas actuales. O Couto Mixto fue un pequeño territorio autónomo de las coronas española y portuguesa. Una de las primeras repúblicas de Europa. Desde el siglo XII hasta 1864, cuando ambos países reordenaron sus lindes en el Tratado de Lisboa.

Aquí no había reyes. La máxima autoridad era el juez o jefe político elegido por los vecinos. Delfín Modesto Brandón, al que recuerdan con una escultura en el jardín de la iglesia, fue el último. Gobernaba con tres «homes de acordo». Uno por cada pueblo de O Couto: Santiago y Rubiás (ahora de Calvos de Randín) y Meaus, de Baltar. Cesáreo González es uno de los tres vecinos que cogió el testigo en este simbólico cargo que solo existe aquí. «A xente emigrou. Estamos nunha zona pobre, tanto pola marxe galega como pola portuguesa», lamenta.
El valle que ocupa hoy este microestado imaginario fue objeto de deseo de varias televisiones europeas. Aquí grabaron documentales sobre su curiosa historia. Desde finales del siglo XIX, los mixtos son gallegos. Hasta esa fecha eran habitantes de lo que se conocía como lugares «promiscuos».
En la boda podían escoger si ser españoles o portugueses; estaban exentos de pagar impuestos, de enviar soldados a la guerra y disfrutaban de libertad de comercio y cultivos. El Camiño Privilexiado era la ruta comercial entre ambas fronteras. Con el fin de los privilegios se adaptó a los nuevos tiempos: el contrabando. Hoy todavía está diferenciada con placas al estilo del Camino de Santiago.

Tienen un museo y, pese a la despoblación, las casas de piedra dominan en su pequeño casco histórico. Son el vestigio de aquel pasado boyante. «Coma Andorra, isto foi un pequeno paraíso fiscal», matiza Cesáreo. En la sacristía de la iglesia de Santiago, con frescos medievales, está el arca con la carta de los privilegios reales. Para abrirla son necesarias tres llaves. Una por cada «home de acordo». Cesáreo tiene la suya, y también una de las tres capas que visten en su fiesta por cortesía de Adolfo Domínguez.

Coma Andorra, isto foi un pequeno paraíso fiscal
Bruselas reconoció su singularidad y el senador ourensano Luís García Mañá pelea por que sean premiados con la doble nacionalidad, al igual que los extremeños de Olivenza y Táliga. «Non implicaría beneficios fiscais. Sería unha homenaxe. Suporía facilidades para que a pouca xente nova que queda poida estudar ou optar a bolsas a un e outro lado da raia», pone como ejemplo Mañá. «Por ter, temos máis dereitos constitucionais cós cataláns para pedir a independencia. Pero non estamos por iso!», bromea Cesáreo. Los estímulos para la fijación de población son lo que más se demanda en este bello y genuino paraje.
Por ter, temos máis dereitos constitucionais cós cataláns para pedir a independencia. Pero non estamos por iso!