París es la ciudad romántica por excelencia y uno de los destinos más turísticos del mundo. Tanto es así que sus monumentos son fácilmente identificables, incluso, para todos los que no han recorrido sus barrios y plazas.

Si tienes la fortuna de poder escaparte un par de días para pasear por sus calles y disfrutar de la ciudad que inmortalizó Víctor Hugo, aquí te damos todas las claves para conocer lo que no debes perderte durante un fin de semana a orillas del Sena. Solo o en compañía, aprovecha tu estancia en un lugar inolvidable que resulta todo un deleite para los sentidos.

Torre Eiffel

Torre Eiffel
Torre Eiffel. Fuente: Pixabay

La primera parada al llegar a París será la Torre Eiffel, a la que algunos parisinos llaman «el espárrago metálico». Construida para la Exposición Universal de 1889, por Gustave Eiffel, la torre mide 324 metros de altura, aunque esta varía alrededor de 15 centímetros a lo largo del año, pues sus 10.100 toneladas de acero provocan que la estructura se expanda con el calor y se contraiga con el frío.

Puede accederse a sus tres plantas abiertas al público en ascensor o a pie. Si prefieres no soportar largas colas de espera, lo mejor es comprar las entradas en la taquilla online.

Palacio Nacional de los Inválidos

Palacio Nacional de los Inválidos
Palacio Nacional de los Inválidos. Fuente: Pixabay

El Palacio Nacional de los Inválidos (Hôtel National des Invalides), que alberga el Museo del Ejército, se construyó en el siglo XVII como residencia para los soldados franceses retirados. En la Catedral de San Luis de los Inválidos pueden visitarse la iglesia real o del Domo (Domo des Invalides) y la iglesia de los soldados (Saint Louis des Invalides).

La iglesia real, que está cubierta por una espectacular cúpula dorada, guarda el sarcófago con las cenizas de Napoleón I Bonaparte. La iglesia de los soldados, por su parte, se encuentra decorada con los trofeos que el ejército francés arrebató a sus enemigos.

Museo Rodin

Museo Rodin
Museo Rodin. Fuente: Pixabay

El Museo Rodin, ubicado en el Hôtel Biron, fue creado por el escultor Auguste Rodin, que vivió aquí desde 1908. Mediante tres donaciones, en 1916, el artista regaló al estado francés sus obras, expuestas en las salas y jardines de este palacete rococó.

Se exponen más de 6.500 esculturas y de 10.000 dibujos de su autoría, así como miles de objetos artísticos que coleccionó. En el Jardín de las Esculturas se encuentran obras tan emblemáticas como el Pensador. Si no contamos con tiempo suficiente para una visita completa, podemos adquirir la entrada únicamente para la zona ajardinada.

Arco del Triunfo y Campos Elíseos

Arco del Triunfo
Arco del Triunfo. Fuente: Pixabay

La siguiente parada es la rotonda más grande del mundo: el Arco del Triunfo, donde confluyen las doce avenidas que, de forma radial, recorren París, y al que se recomienda acceder a través de los pasos subterráneos habilitados al efecto.

En 1806, Napoleón mandó construir el Arco del Triunfo para conmemorar las victorias del ejército francés. En su base, se encuentra la Tumba del Soldado Desconocido. Desde su azotea, se contemplan todas las avenidas, destacando la de los Campos Elíseos, cuyos dos kilómetros pueden recorrerse hasta alcanzar la siguiente parada: la Plaza de la Concordia.

Plaza de la Concordia

Obelisco Luxor
Plaza de la Concordia. Fuente: Pixabay

La Plaza de la Concordia (Place de la Concorde) se levantó a mediados del siglo XVIII. En 1792, se la llamó Plaza de la Revolución, pues aquí se colocó la guillotina que ejecutó a más de mil personas en tiempos de la Revolución Francesa. Posteriormente, adoptaría su nombre actual.

El Obelisco de Luxor que en ella se erige fue un regalo del gobernador de Egipto. Desde este lugar, podemos ver, en un extremo, el Jardín de las Tullerías, con el Museo Louvre al fondo, y los Campos Elíseos y el Arco del Triunfo, en el otro.

Jardín de las Tullerías

Jardines de las Tullerías
Jardín de las Tullerías. Fuente: Pixabay

Dejando atrás la Plaza de la Concordia y caminando hacia el Louvre, alcanzaremos el Jardín de las Tullerías (Jardin des Tuileries), llamado así por las fábricas de tejas (tuilles) instaladas antiguamente en este lugar. Era en estos parajes donde los nobles celebraban sus lujosas y ostentosas fiestas, aunque el pueblo no podía contemplarlas, ya que estaban rodeados de altos muros.

En 1870, el Palacio de las Tullerías fue destruido con el incendio provocado por la Comuna de París. Una década después, sus ruinas se eliminaron por completo. Solo sus jardines han resistido el paso del tiempo.

Museo del Louvre

Museo Louvre
Museo del Louvre. Fuente: Pixabay

En 1793, se inauguró uno de los museos más importantes del mundo: el Louvre. Ubicado en una antigua fortaleza del siglo XII, entre sus numerosísimos fondos se encuentran obras como la Gioconda, la Venus de Milo o la Victoria de Samotracia. La pirámide de cristal frente a él se construyó en 1989 y, en la actualidad, sirve como puerta de acceso.

Montmartre

Moulin Rouge
Moulin Rouge. Fuente: Pixabay

Montmartre, el barrio de los pintores, está en la única colina de París. Fue una villa independiente hasta el siglo XIX, cuando se convirtió en el distrito XVIII de la ciudad. En él se encuentran el mítico Moulin Rouge, el Museo de Montmartre  y la Basílica del Sagrado Corazón.

Sin olvidarnos de los otros cementerios parisinos, Père Lachaise y Montparnasse, aquí conoceremos el cementerio de Montmartre, donde reposan los restos de Berlioz, Stendhal y Alejandro Dumas hijo, entre otros.

Notre Dame

Catedral de Notre Dame
Catedral de Notre Dame. Fuente: Pixabay

Uno no puede abandonar París sin contemplar las gárgolas y visitar la catedral de Notre Dame. Situada en la Île de la Cité, este es el máximo exponente del gótico francés. En su interior fue coronado Napoleón, se produjo la beatificación de Juana de Arco y la coronación de Enrique VI de Inglaterra.

Notre Dame es el kilómetro cero de París, por lo que hemos de tener en cuenta que las distancias a cualquier lugar de Francia se miden desde aquí.

El Panteón

Panteón de París
Panteón de París. Fuente: Pixabay

El Panteón de París es un imponente edificio del siglo XVIII, de 110 metros de largo, 84 metros de ancho y 83 metros de altura, que cuenta con una espectacular cúpula central. De ella cuelga el péndulo de Foucault, con el que el físico demostró la rotación de la Tierra.

Desde el siglo XIX, en la cripta del Panteón reposan los restos de las personalidades francesas más ilustres, como Víctor Hugo, Marie Curie, Voltaire y Alejandro Dumas.

Jardines de Luxemburgo

Palacio de Luxemburgo
Jardines de Luxemburgo. Fuente: Pixabay

Fue María de Médicis, allá por el siglo XVII, harta de la vida en el palacio del Louvre, la que ordenó que construyeran a su gusto el Palacio y los Jardines de Luxemburgo. Durante la Revolución Francesa, el edificio se convirtió en prisión y durante la Segunda Guerra Mundial los alemanes lo utilizaron como cuartel.

En la actualidad, las veintidós hectáreas de los jardines invitan al paseo, a la lectura, al deporte y a las numerosas actividades que en él se realizan. El Palacio, por su parte, es la sede del Senado, la cámara alta del Parlamento francés.

Museo D’Orsay

Museo D'Orsay
Museo D’Orsay. Fuente: Pixabay

El Museo D’Orsay está ubicado en una estación de trenes construida, entre 1898 y 1900, sobre un antiguo palacio. En él se exhibe la colección nacional de pintura, escultura, artes decorativas y gráficas, creadas entre 1840 y 1914, con obras de Monet, Degas, Van Gogh y Cézanne. El museo cubre así los periodos artísticos entre los fondos que se muestran en el Museo Louvre y las exposiciones del Museo Nacional de Arte Moderno y el Centro Pompidou.

Las catacumbas

Catacumbas de París
Catacumbas de París. Fuente: Pixabay

Si todavía nos queda tiempo durante el fin de semana, podemos descubrir uno de los lugares más inquietantes de París: las catacumbas.

Este osario reúne los restos de los parisinos de los antiguos cementerios de la ciudad, clausurados por razones de insalubridad, y que fueron amontonados en estos túneles de 300 kilómetros, a 20 metros bajo el suelo, en las antiguas canteras de piedra caliza, extraída para erigir muchos de sus monumentos.

 

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Escritora y redactora gallega. Autora de los libros Las nueve piedras y El Libro del Único Camino, así como de numerosos relatos en revistas de género, colabora asiduamente con sus artículos y columnas de opinión en diversos medios digitales. Con la pasión y la curiosidad que la caracterizan, descubre el mundo a través de su historia, su cultura, sus lugares y sus gentes para difundir y compartir todo tipo de sensaciones y hallazgos. Porque todo viaje comienza con un solo paso.

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