Viajar, ese maravilloso placer que nos llena de felicidad desde el minuto uno. Decidir el lugar al que ir, emociona; empezar a reservar alojamiento o vuelos ya te hace sentir un poco más cerca del destino; y organizar visitas, excursiones o reservar en restaurantes los días previos ya nos pone en situación de que el momento de disfrutar de las merecidas vacaciones es inminente. Eso sí, si viajamos en grupo siempre nos asaltan las típicas decisiones a tomar en conjunto. ¿Alquilamos apartamento o dormimos en un hotel? ¿Tiramos de transporte  público o alquilamos un coche?

Es evidente que uno de los requisitos indispensables para poder disfrutar de un coche de alquiler es que al menos uno de los viajeros tenga el permiso para conducir en regla, incluso puede que soliciten uno o dos años de antigüedad al volante para garantizar que el conductor es experimentado y no un “recién graduado” en la autoescuela.

También conviene leer las condiciones que ofrecen las distintas compañías de alquiler, puesto que son muchos los factores a tener en cuenta a la hora de alquilar. ¿Qué suplementos hay que abonar (combustible, silla de bebé…)? ¿Se realizan bloqueos de grandes cantidades en las tarjetas de crédito con las que hagamos la reserva? ¿Qué seguro es el que más me conviene sin que me acabe costando más que el propio alquiler? ¿Cuáles son las condiciones de recogida y entrega? ¿Conoces la normativa de circulación en caso de que el alquiler se realice en un país extranjero?

Alquiler de Coches
Alquiler de Coches

Leer la letra pequeña ayuda a despejar dudas, pero si no las resolvemos con las explicaciones que nos ofrece la compañía lo mejor es preguntar directamente y que preferiblemente quede registrado por escrito, más que nada por aquello de luego poder demostrar lo que nos han dicho en caso de que haya desacuerdos.

Comodidad

Viajar de forma confortable, aunque no lo valoremos, es de lo más agradecido en el tiempo que dedicamos al ocio. Esto no quiere decir que siempre haya que tirar hacia el lujo, sino que no tener que depender de los demás para desplazarse satisface mucho a los viajeros. Si además hay varios conductores dentro del mismo grupo, esto ayuda a sacar más partido a las horas dedicadas al desplazamiento y ahorrar tiempo en los trayectos para luego poder dedicar más minutos a estar descansando, disfrutando o descubriendo.

Poder elegir la música que suena por la radio, regular la temperatura, reclinar los asientos o elegir la postura que mejor nos convenga para viajar son otras de las comodidades que solo un coche de alquiler nos permite.

Independencia

Cuando estamos de vacaciones, aunque sean quince días de estancia, el tiempo es oro. Aunque el viaje sea de playa o cultural, nunca es suficiente el tiempo del que disponemos para todo lo que uno quiere ver o visitar. Por eso, es frecuente acabar rehaciendo la ruta o quitando algunas paradas para cambiarlas por otros puntos de interés de los que nos han hablado ya en destino.

Alquiler de vehículos
Alquiler de vehículos

El transporte público, que en la mayoría de ciudades y en muchos lugares turísticos, está bien organizado y claramente informado en cuanto a rutas y paradas, no permite optimizar el tiempo del que uno dispone en vacaciones. Esperas, transbordos, presentarse con antelación en las estaciones o tener que comprar el billete por adelantado son algunos de los factores que hay que gestionar para luego evitar esa sensación de pérdida de tiempo.

El coche de alquiler evita todas estas variables porque permite ir al ritmo de los viajeros y evitar ciertos contratiempos que puedan darse en otros medios de transporte como la sobreventa o tener que convivir con un pasaje molesto, por ejemplo.

Improvisación

Alquiler de vehículos
Alquiler de vehículos

Con el transporte público no hay lugar a la improvisación. Los horarios de salida y llegada de buses, trenes, etc. son los que son y no hay opción a cambio. Sin embargo, con un coche de alquiler siempre podrás retrasar o adelantar la salida, así como desviarte o hacer paradas por el camino que no estaban en la ruta inicial.

¿Quién no ha vivido alguna vez la típica situación en la que vas en coche y de repente ves un paisaje idílico, un monumento curioso o un espacio digno de retratar y pides al conductor que pare? Esto en un autobús de línea o en un tren de pasajeros no podrías hacerlo; en coche alquilado, sí.

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