El bosque de liquen blanco

Viejas corredoiras forradas de musgo y flanqueadas por túneles de castaños y carballos cubiertos de liquen blanco. Así arranca la primavera en A Farria, en Xunqueira de Ambía, tierras donde se desenterró el hórreo más antiguo.


Los peregrinos foráneos que inician la subida de Sarria en el Camino de Santiago francés alucinan al adentrarse por corredoiras ancestrales con viejos muros de piedra cubiertos de musgo. A los urbanitas les evocan los bosques de hadas o los parajes del cuento de la casa de la bruja de Hansel y Gretel. Pero hay un tramo aún más secreto y espectacular por la ruta jacobea ourensana. Un paisaje que conserva centenarios castaños retorcidos y abiertos por el tiempo y túneles de bosques blancos, cubiertos por musgo y líquenes y alfombras de hojarasca. Discurre por la comarca de Arnoia, en A Farria y Xunqueira de Ambía.

El senderista que se adentra en A Farria cruza por unos caminos que parecen sacados de una película de elfos. Miles de árboles autóctonos cubiertos por un manto de liquen blanco adquieren un aspecto fantasmal, como un túnel de telarañas. El liquen (una asociación de alga y hongo) revela que el aire es puro; hay lugares de Europa tan contaminados que los llaman desiertos de liquen porque no crece ninguno; la comarca de Arnoia es un oasis. Sus corredoiras están flanqueadas por ramas de carballos jóvenes de las que cuelgan hilos blancos. Los muros y lindes de piedra que bordean el río Arnoia refulgen con musgo verde y amarillo. Se pisa arena de... ¿una antigua laguna?

El efecto túnel de caminar entre dos murallas de carballos blancos se combina con los tonos rojizos de la hojarasca caída en el otoño y que aún cubre el suelo en primavera. Sin embargo, un lugareño replica que, lejos de ser bucólico, el monte está enfermo. «Antes, todo isto estaba limpo, a xente era pobre e ía apañar a leña e as follas do chan para queimalas no inverno. Agora, cos montes descoidados, hai perigo de lumes», cuenta un vecino de Xunqueira de Ambía. En A Farria, han colgado un cartel para protestar por su abandono tras los incendios del 2017.

El mismo vecino da otra pista. Los líquenes son permanentes pero no su color, pues su tonalidad varía con las estaciones, ahora son blancos y luego se tornan verdosos. El club Asaltamontes cuida de estos ancestrales senderos que llevan a aldeas, como Suatorre, en las que un gigantesco árbol, que recuerda a una casa de gnomos, abraza con sus raíces un pozo de piedra en cuyo hueco algún buen samaritano posó una cunca y cuyo bebedero es un sarcófago.

La mejor perspectiva para divisar estos túneles forestales blancos está en una salida del yacimiento galaico-romano de Outeiro de Castro, en el alto da Acea. La figura del caminante se pierde por una larga corredoira escoltada por cientos de árboles blancos. Las excavaciones arqueológicas desenterraron allí el hórreo, celeiro o canastro más antiguo de Galicia, de hace dos mil años. Es un granero de piedra con ocho huecos de aireación en la base y seis pilares de piedra para apoyar el suelo de madera en el que se depositaba el cereal. Su tamaño es un tercio respecto a los grandes horrea descubiertos en el campamento romano de Housesteads, en la muralla de Adriano, en Inglaterra. Por último, la colegiata de Xunqueira guarda otro secreto: la talla de la Virgen... de niña.

Etnografía

En esta ruta existen aldeas con conjuntos de hórreos, casas nobles y fuentes pintorescas

Paisajes

En los altos, se divisan las cumbres nevadas del Gerés y la serra de San Mamede

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