Planificar con tiempo, elegir el destino adecuado, integrarse en la vida del instituto y adaptarse a la familia de acogida son algunas de las claves para aprovechar al máximo un año académico en Estados Unidos
Por la mañana, en el autobús escolar amarillo hacia el instituto; por la tarde, al entrenamiento de fútbol americano; y el Día de Acción de Gracias con una familia de acogida estadounidense: un curso escolar en EE. UU. ofrece experiencias que unas vacaciones normales difícilmente pueden proporcionar. Sin embargo, entre el deseo de vivir la «vida en un instituto estadounidense» y la salida real hay que tomar algunas decisiones importantes. Una mala preparación o unas expectativas erróneas pueden complicar el comienzo. Por eso, tanto los alumnos como los padres deberían evitar estos cuatro errores.
1. Empezar a planificar demasiado tarde
Un programa de intercambio Estados Unidos no se organiza en las pocas semanas previas a la fecha de salida. Hay que preparar la documentación de la solicitud, aclarar cuestiones académicas y completar los trámites necesarios para entrar en el país. A esto se suma la búsqueda de una familia de acogida adecuada.
Por ello, conviene que las familias se informen sobre las distintas opciones varios meses antes de la estancia prevista. Merece la pena realizar una comparación detallada: dependiendo del programa, pueden existir diferentes posibilidades a la hora de elegir el instituto o la región. También conviene revisar los costes, los servicios incluidos y la asistencia disponible durante la estancia antes de tomar una decisión.
2. Centrarse únicamente en destinos conocidos
California, Florida o Nueva York suelen encabezar la lista de deseos de muchos jóvenes. Sin embargo, un año escolar en Estados Unidos no es un viaje turístico de unas pocas semanas. Vivir en una ciudad más pequeña o incluso en una zona rural puede ofrecer una experiencia mucho más cercana a la vida cotidiana estadounidense. Por eso, antes de elegir, conviene mirar más allá del nombre del estado y valorar el instituto, la familia de acogida, el clima y las actividades disponibles.
Además, existen conexiones interesantes entre ciudades españolas y estadounidenses que pueden despertar la curiosidad por determinados destinos. Madrid, por ejemplo, está hermanada con Miami desde 2014 y con Nueva York desde 1982. La relación con Miami incluso ha dado lugar a iniciativas de intercambio juvenil entre ambas ciudades. Otro caso especialmente curioso es el de Toledo y Toledo (Ohio), cuya relación de hermanamiento se remonta a 1934 y continúa activa hoy en día.
Estas conexiones pueden ser un buen punto de partida para descubrir Estados Unidos, pero no deberían determinar por sí solas la elección. Un estudiante aficionado al senderismo y al esquí quizá disfrute más de Colorado, mientras que otro interesado en deportes escolares puede dar prioridad a un instituto con una amplia oferta de equipos y clubes. Al final, la mejor experiencia no siempre espera en el estado más famoso, sino allí donde la escuela, la familia y el estilo de vida encajan mejor con el estudiante.
3. Subestimar la vida escolar estadounidense
El instituto es mucho más que matemáticas, inglés e historia. Los equipos deportivos, los grupos musicales, el teatro y los clubes marcan la vida social en muchos centros educativos.
Precisamente estas actividades son una buena oportunidad para que los estudiantes de intercambio entablen contacto con otros compañeros. Ya sea baloncesto, fútbol americano, el periódico escolar, el club de debate o el teatro: quien participa conoce a sus compañeros fuera de las clases. Por el contrario, irse directamente a casa al salir del instituto y esperar a que las amistades surjan por sí solas puede llevar rápidamente a decepciones.
4. Tratar a la familia de acogida como si fuera un hotel
Convivir con una familia de acogida es una de las experiencias más importantes de la estancia. Al mismo tiempo, los jóvenes deben adaptarse a nuevas normas. Los horarios de las comidas, la ayuda en las tareas domésticas o las normas para salir pueden ser totalmente diferentes a los de casa.
En vez de aislarse, los alumnos deberían hacer preguntas y comunicarse con franqueza. Esto incluye también ayudar a poner la mesa, mantener ordenada la propia habitación o participar en las actividades familiares. Al fin y al cabo, el objetivo no es permanecer como un invitado durante meses, sino participar de la forma más natural posible en la vida familiar estadounidense.