Ocho bosques gallegos en todo su esplendor

Una sinfonía de colores y una variopinta paleta de sonidos agrandan, aún más, en estas fechas la belleza de los bosques gallegos. El agua y la luz juegan al escondite con la vegetación, aflorando en lugares inverosímiles y propiciando paisajes únicos. Es el mejor momento para disfrutarlos


1. Fragas do Eume

LA GALICIA ATLÁNTICA EN ESTADO PURO

Seguramente si algún bosque representa a Galicia es este. Aquí está la esencia de lo que fuimos y somos. Una tierra de contrastes. De exuberancia, como la que aquí manifiestan el agua y la vegetación. Y de recogimiento, testimoniados en esas joyas monacales que son Caaveiro y Monfero. La magia, la luz y las sombras simbolizan también las fragas. La ruta dos Encomendeiros (5,5 km) es una buena opción para descubrirlo y para sentirlo. FOTO: X. CASTRO

2. Devesa de Nimo

EL TAMBRE SE PONE BRAVO

El punto de acceso a la devesa de Nimo no puede ser más espectacular: la central hidroeléctrica del Tambre, esa maravilla industrial con aspecto catedralicio construida hace un siglo por Antonio Palacios. A partir de ahí, siguiendo el curso bravo del río, transita un sendero que se va adentrando en un bosque de carballos, laureles y sauces que trepa por laderas abruptas en las que el agua forma pequeños regatos y el musgo crece por doquier tiñendo el paisaje de un verde aún más intenso.

3. Bosque de Os Grobos

UN INQUIETANTE LABERINTO DE PIEDRA Y CASTAÑOS

«Un cuento de piedra entre castaños», titulaba La Voz un reportaje sobre este lugar. Y no podría ser más acertado. Enigmático e inquietante, este bosque, ubicado en Becerreá, es un laberinto kárstico en que la roca caliza (muy infrecuente en Galicia), la vegetación, el agua y la luz se enredan conformando un caos fascinante. Aquí no hay ruta posible. Se impone adentrarse sin rumbo por sus cuevas y pasadizos, abiertos a la sorpresa.

4. Teixadal de Casaio

EL SECULAR GUARDIÁN DE PENA TREVINCA

Para subir a pie a la cumbre más alta de Galicia desde las minerales tierras de Valdeorras hay que atravesar primero el teixadal de Casaio, el conjunto de tejos de mayor importancia del continente europeo. Considerado el bosque más antiguo de la comunidad, es un asombroso vestigio de épocas pretéritas formado por unos 300 tejos, muchos de ellos centenarios, rodeados de serbales y fresnos y avellanos. Impresiona.

5. Aldán

EL BOSQUE ENCANTADO, UN PARAÍSO INFANTIL

He aquí una propuesta para un paseo otoñal perfecto para hacer con niños. En realidad, más que un bosque es un parque grande. Pero mantiene el hechizo. En apenas 3 km encontrarás un curioso y diminuto castillo, un acueducto de origen romano, un soberbio eucalipto centenario, senderos entre laureles y abedules y una senda que remonta el río Orxas repleta de molinos. 

6. Devesa da Rogueira

EL BOSQUE DE LOS BOSQUES, CON SUS MEJORES GALAS

La joya de O Courel. La más famosa de las devesas de Galicia se tiñe en estas fechas de infinitas tonalidades. Hayedos, tejos, robles, arces y castaños nos regalan sus mejores galas antes de que el frío los desnude. Cruzar la devesa es sentir en plenitud el bosque. El recorrido es exigente. En los cuatro primeros kilómetros se salvan 650 metros de desnivel. Pero la recompensa al llegar a la fonte do Cervo y, más allá, a la cumbre del Formigueiros, compensa con creces el esfuerzo.

7. Bosque da Fervenza

EL BOSQUE INUNDADO

Cada vez que el río Miño se sale de su cauce a la altura de O Corgo (Lugo), crea esta maravilla. Las aguas anegan las tierras bajas del bosque cercano creando un singular paisaje en el que los alisos, robles, fresnos y sauces parecen flotar sustentados por su propio reflejo. Las lagunas, charcas e islas fluviales que se forman son además paraísos para una fauna de lo más diversa. Una ruta de 5 km circunda el bosque. A través de otra, de 15 km, se puede llegar a él desde la capital lucense. FOTO: M. MARRAS

8. Bosque benedictino de Santa Cristina

EL SOUTO INFINITO

Ese puntito blanco en el centro de ese tupido manto de castaños es el monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil. Las vertiginosas laderas que aquí conforman el cañón del río se cubren en la vertiente ourensana de densos soutos. En el único claro asoma este reducto monacal, en el que el tiempo semeja haberse detenido. Una ruta de 13 km y llega hasta él desde Parada de Sil cruzando el infinito souto.

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