Seis maravillas del mundo que están en Galicia

Aquí lo tenemos todo. No hay que irse para viajar al Caribe, visitar la costa italiana o los beach club de Marbella. Tampoco para zambullirte en los cenotes mexicanos y las olas de California. De aquí non nos move ninguén!

CARLOS CRESPO

Quédate en Galicia y haz el viaje de tus sueños. YES coge el pasaporte para no salir de la tierra en un verano en el que, más que nunca, toca apostar por ella. Y en ese ejercicio de exprimir un agosto atípico, es fácil descubrir que muchas veces vemos, pero no miramos bien. Los catálogos de las agencias de viajes nos muestran playas paradisíacas y paisajes de cuento en destinos lejanos. Pero basta con observar lo nuestro con atención para sorprenderse con lo mucho que podemos viajar sin apenas salir de casa. Hacemos nuestra primera parada desde un local de lujo, de esos que nada tienen que envidiarle a un beach club de Marbella. ¿Lo mejor? Que está en A Lanzada y te dejará con la boca abierta.

DE BEACH CLUB MARBELLÍ EN A LANZADA

Aquí no solo tendrás garantizada una puesta de sol espectacular. Nada más entrar en Arrocería A Lanzada & Sunset, te envolverá un ambiente entre lo exclusivo y lo tropical del que no querrás salir. De ello se encargaron, y muy concienzudamente, en el local. «La cuarentena nos ha dado para mucho», bromea Fito Álvarez, su gerente, tras invertir más de cien mil euros en redecorarlo: «Hay solo dos maneras de salir de las crisis: o arriesgas, o cierras y no gastas. Pero no hacer nada es abrir y comer lo que tenías guardado». Sea o no así, el local está siendo una de las revelaciones del verano gallego. Un éxito sin precedentes que él achaca a varios factores: «Esto está prácticamente al aire libre, y hay la creencia de que es más seguro permanecer en espacios abiertos. Luego hemos tomado todo tipo de medidas higiénico-sanitarias: cámara térmica al entrar, personal de seguridad para controlar la entrada de los clientes y el aforo, 16 puntos de hidrogel solo en la parte de abajo y letreros por todos lados. Estamos muy pendientes de que no se circule sin mascarilla y, si no hay silla libre, el cliente no entra. Y después, la limpieza y desinfección es continua». La música en directo con dj y agrupaciones es otro de los puntales del restaurante, que si destaca por algo, además de por su carta, sus productos a la brasa y sus famosos arroces, es por su decoración. No se puede obviar de esta ecuación su recién estrenado Beach Club Punta Caña, en el que la gente puede disfrutar de un mojito -lo tienen de hasta siete sabores diferentes- con los pies en la arena y bajo luces de verbena que hacen del espacio un auténtico oasis. «Nos preocupamos mucho por la estética, pero también contamos con la ventaja del decorado que ya tenemos de serie, con el mar, las Ons de frente y la playa», señala Fito. Y eso sí que es impagable.

CALIFORNIA EN DONIÑOS

Ahora sí que cruzamos el charco para disfrutar de California. Porque merece la pena cambiar de provincia para llegar a la playa ferrolana de Doniños, donde es ese justamente el ambiente que nos vamos a encontrar. Entramos en uno de esos arenales que no fallan, porque junto a otros como Pantín (Valdoviño) o Razo (Carballo), Doniños entra dentro del ránking de los que tienen olas garantizadas. Por supuesto, los surfistas también. Y eso conlleva que las escuelas de surf (los chicos de la foto pertenecen a la Valdo Surf School) y las furgonetas formen parte de un paisaje que se ve salpicado por una marea de tablas. Uno de los extremos del arenal, Outeiro, está especialmente concurrido por quienes practican este deporte, que hacen de esta imponente playa un lugar de ambiente mayoritariamente joven.

Es más que recomendable contemplarla desde el banco de madera de Monte Ventoso, desde el que también se vislumbra su laguna. Pero si hay un plan obligado es la visita a O Alpendre, conocido como el bar de Pichu. Su parte trasera, con un colgadero de trajes y un secadero de tablas, ya nos da pistas de que estamos en territorio surfer. Su terraza es en realidad un mirador con vistas privilegiadas al arenal. El entorno natural, en el que uno puede pasear entre pinos, y su carácter agreste hacen el resto para situar a Doniños no solo como una playa que bien puede recordar a las de California, sino también como una de las más bonitas de Galicia.

UN CARIBE EN CASTIÑEIRAS

Si hablamos de paraísos, no puede faltar Cangas. No por nada las aguas de la ría de Aldán son las favoritas de Amancio Ortega, que suele navegar por la zona a bordo del Valoria B, yate que adquirió específicamente para disfrutar de la costa de Galicia. Entre sus playas sobresalen las de la O Hío, donde hay una que cautiva a quienes la visitan nada más poner un pie en ella. Se trata de Castiñeiras, un lugar que conoce muy bien Irene Paz, y que en los últimos años se ha convertido en una parada obligada para quienes veranean por Cangas. «Tengo la gran suerte de haber crecido cerca de la ría de Aldán. Castiñeiras es una de sus playas estrella, y una de las de mi infancia», explica la joven, que cada verano disfruta como cuando era niña de los múltiples encantos del arenal.

«Además de la buena temperatura del agua y de su color entre verde y azul cristalino, y de su arena fina, es una playa que te hace disfrutar de la naturaleza», recalca Irene. Porque Castiñeiras cuenta con árboles que caen encima del agua, lo que la convierte en un sitio ideal para los que buscan un poco de sombra tras horas al sol. «Puedes tenerla sin necesidad de llevar sombrilla», apunta ella, que además de ponerse morena, aprovecha el tiempo allí para bucear en el mar: «Sus fondos están muy limpios y permiten un buceo sencillo y tranquilo». Más allá de la belleza evidente de un paraje que nos teletransporta a Punta Cana, Irene destaca la calma que ofrece. «Es lo que más me gusta, la tranquilidad y apartarme de las aglomeraciones. Puedo disfrutar de todos los encantos de la playa, que no es poco, y sin que esté llena de gente», asegura. Un Caribe secreto tras el que cambiamos de isla para bajar hasta Canarias.

A ILLA, LA FORMENTERA GALLEGA

Vistas desde el Google Maps, Formentera y A Illa de Arousa parecen islas hermanas. Separadas, eso sí, por 950 kilómetros en línea recta. La una en el Mediterráneo y la otra en el Atlántico. La una con 83 kilómetros cuadrados de superficie y la otra con solo siete. Pero las dos con una curiosa forma que semeja a un siete y con un extremo prominente, que en el caso de la isla arousana la acerca al continente y en el de la balear a su vecina Ibiza.

Pero más allá de cuestiones geográficas, no ha faltado quien en estos últimos años haya reparado en otras similitudes entre las ofertas turísticas, de naturaleza y de ocio, que han llevado a denominar a la isla arousana, con todas las reservas con las que hay que propugnar estas comparaciones, como «la Formentera gallega». Cierto es que ambas se han constituido tradicionalmente como auténticos oasis. No menos cierto es que en ambos casos sus playas tienen mucho de paradisíaco y que aún es posible —aunque cada vez menos, al menos en el caso de la isla arousana— disfrutar de la idílica soledad de algunas calas de aguas cristalinas. Cierto es también que ambas mantienen una riqueza natural, en algunos casos conservada en espacios protegidos, que agrandan aún más su interés. Tanto en Formentera como en A Illa, el mar no es solo paisaje. Es su seña de identidad, el elemento que ha forjado su idiosincrasia, el carácter de sus gentes, su modo de vida, su cultura y sus tradiciones. Y a nada de ello debería renunciar el visitante. Porque solo de esa manera entenderá y disfrutará en plenitud lo que significa contar con un paraíso en una isla. Un eslogan que, por cierto, utilizan también las dos.

LOS CENOTES DE MÉXICO EN A POBRA

No es la primera vez que en YES advertimos que no hay que irse a México para hacerse una foto espectacular y bañarse en un cenote. Desde Ézaro hasta las pozas de Melón, pasando por el río Pedras y fluyendo hasta o Xurés, en Galicia tenemos las mejores piscinas naturales para darse un chapuzón a la gallega. No todas son fáciles de encontrar, algunos de estos spas están escondidos, pero si te propones refrescarte al pie de una cascada o inmerso en la naturaleza la excursión te aseguro que merece la pena. El trabajo del río fue modelando la piedra y abriendo unas charcas que llaman al baño en A Pobra do Caramiñal. Si no es temporada de verano, y este por particularidad igual tampoco, no suelen estar muy concurridas y se puede disfrutar perfectamente del paseo, siempre que uno vaya equipado con buen calzado y con prudencia. La subida al mirador de A Curota, con unas vistas espectaculares sobre Arousa y las Rías Baixas, es de parada obligada.

¿A GUARDA O AMALFI?

Si uno recorre las calles del casco histórico de A Guarda puede teletransportarse, con un poquito de imaginación, a Amalfi, la localidad italiana situada a los pies del monte Cerreto, y que es el principal reclamo de la costa que lleva su nombre. Sus edificaciones, a distintos niveles, mirando al mar, el variado colorido de sus fachadas —en Galicia hay algo más de contraste, en Italia apuestan por distintas tonalidades pero dentro de una misma gama— e incluso la cúpula que en ambas instantáneas destaca entre los tejados hacen que sea sencillo establecer similitudes. Pero no tenemos nada que envidiar. Desplazarse hasta A Guarda merece mucho la pena. Si nos detenemos en el centro de la localidad más meridional de la provincia de Pontevedra observamos sus peculiares edificaciones. Estas Casas Indianas fueron levantadas a finales del siglo XIX por emigrantes que hicieron las Américas. A su vuelta pretendían implantar una nueva arquitectura, pero se ve que la idea no cuajó del todo. Hay adentrarse y callejear para impregnarse del verdadero encanto de esta villa. Anota o busca en el Google Maps, la calle Malteses, es muy estrecha y transcurre en paralelo al paseo marítimo, que se levanta entre rocas donde baten las olas y zonas ajardinadas. Si caminas hasta el final, te atoparás con el dique, que además de proteger de la bravura del mar, conserva un lienzo gigante que refleja los colores y siluetas de las famosas edificaciones. Lo dicho, nada que envidiar. Galicia paradise!

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