Cinco lugares mágicos para empaparte de la mitología asturiana

El Principado cuenta con rincones encantados a tal nivel que a día de hoy es difícil diferenciar la realidad de la ficción. ¿Te atreves a conocerlos?

Cascada del Cioyo en Castropol
Cascada del Cioyo en Castropol

Redacción

La riqueza mitológica de Asturias es tal que ya hoy pocas personas pueden diferenciar entre lo que es realidad y lo que es historia. Personajes mitológicos, leyendas, mitos, hechizos… la riqueza del Principado en ese sentido llega al punto de que incluso los turistas se acercan a estos lugares atraídos por estas historias, ya que la conexión entre el mundo de los espíritus y el de las almas terrenales puede ser muy intensa, tanto como tú desees. A continuación, te dejamos un listado de cinco de estos lugares.

El hogar de las Xanas: la cascada de Cioyo

Si hay algún lugar en el que el mito de las Xanas bajo el agua es más fuerte que en ningún otro sitio es en la cascada de Cioyo, en Castropol. Se dice que allí, un paraje verde y frondoso, donde circula el agua, y poblado por musgos y líquenes, una bella Xana de cabellos dorados emergerá para seducirte con su dulzura y con su canto. Tras esta cascada se esconde una leyenda que habla de un joven que dormía las tardes de verano en la orilla del río, y que de tanto verle en dicho lugar una Xana que espiaba sus sueños se quedo enamorada de él.

Una tarde de tormenta, el caudal del río creció, llevándose al joven agua abajo. La Xana que lo vigilaba vio que se despeñaría matándose en las rocas del fondo de la cascada del Cioyo, por lo que la Xana hizo un encanto creando la pequeña laguna o poza que hoy conocemos. Al despertarse, el joven estaba tan asustado que nunca regresó. Cuentan que si nadas en las aguas bajo la cascada del Cioyo todavía puedes escuchar el llanto de la enamorada Xana.

Una ruta con mucho encanto

Una de las más famosas travesías que puedes recorrer en Asturias relacionada con la mitología es el Camín Encantau, en La Venta de los Probes, Llanes. Siguiendo los pasos de unos curiosos seres mitológicos que nos transportan en el tiempo y nos exhortan a respetar la naturaleza. A lo largo de todo este camino, que se puede realizar con niños sin problemas, nos iremos encontrando con diferentes e importantes figuras de la mitología asturiana como el Diañu. Burlón, el hombre del saco, el pataricu, el segador o el cuélebre. Junto a ellos, varios carteles que irán describiendo dichas figuras a sus visitantes, ya que dice que todos ellos viven entre sus bosques.

Las calabazas no son solo tradición estadounidense

En la tradicional fiesta estadounidense de Halloween es común ver como adornan sus casas con calabazas talladas para conmemorar la noche de los Santos Inocentes. Si pensabas que esta tradición tan solo se celebra del otro lado del charco, estás equivocado. Si nos remontamos siglos atrás, en Asturias también se utilizaban las calabazas para conmemorar dicha fecha. Estas siempre se han dado muy bien en las huertas asturianas, por lo que servían no solo como ornamento, sino también para aludir a la riqueza natural de las tierras. Existe pues una antiquísima tradición de que en la noche de difuntos era muy frecuente colocar calabazas en los cruces de caminos o en los huertos, y de esta manera recordar a los ausentes y darles presencia.

Este efecto se consigue plenamente cuando la calabaza se vacía y se le ponen ojos y boca, con una vela encendida en el interior. Todavía hoy se conserva esta tradición en las aldeas y pueblos de Asturias, que está vinculada al Samaín, que era la fiesta celta de celebración del final de la recogida de las cosechas y de apertura al otro mundo, y por tanto a los difuntos.

El pozo Funeres, o la entrada al infierno

Cuenta la leyenda que en el pozo Funeres, ubicado en Peña Mayor, San Martín del Rey Aurelio, fue donde los cuervos echaron el cuerpo del odiado conde de Tiraña, después de habérselo robado a sus sirvientes, que lo llevaban a enterrar a Oviedo, en el lugar que hoy conocemos como Peñacorvera. De este mismo pozo se dice que es infinito, y que es, ni más ni menos, que la entrada al propio infierno. Esta es una de las versiones más conocidas en relación con este pozo, aunque hay otra aún más trágica.

Se cuenta que un día dos pastorcillos recogían avellanas cerca del pozo mientras su ganado pastaba. Una vez con sus zurrones llenos, comenzaron a discutir sobre cuál de ellos habría recolectado un mayor número de este fruto. La pastora, cansada de la discusión, le dijo al pastor: «El que menos tenga, que caiga al pozo Funeres». En ese preciso instante a la pastora el pozo se la tragó, sin que nada pudiera hacer su compañero, que salió corriendo al pueblo, jurándose no volver a discutir tonterías y jamás acercarse al tenebroso pozo Funeres.

La ciudad submarina a orillas de la ría de Avilés

Esta leyenda, que bien puede recordar a otras más internacionales, como la de la Atlántida, tiene origen a la orilla de la ría avilesina. Y es que cuenta la leyenda que hace muchísimos años existió una ciudad a orillas de la ría, que era conocida como Argentola. Se dice que en aquella ciudad se ubicaba la iglesia en la que se enterró al primer obispo de la diócesis de Oviedo, y que la ciudad fue arrasada por una gigantesca marea que la hizo desaparecer bajo el mar.

Los pocos supervivientes de aquella tragedia, treparon colina arriba, donde finalmente fundaron el pueblo que hoy conocemos como Nieva, en Laviana, Gozón. La leyenda cuenta que estos supervivientes llevaron consigo los restos del obispo que hoy estarían sepultados en la capilla de San Juan del pueblo de San Juan de Nieva. Posteriormente, y aún a día de hoy, hay marineros que afirman haber visto entre las oscuras aguas de la ría el reflejo de un campanario derruido, cubierto por las algas.

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