Volver a Japón: 5 razones por las que hay que repetir

Catorce días no fueron suficientes para admirar, saborear y disfrutar de todo lo que el país ofrece


Cuando me preguntaban a dónde iba a ir de luna de miel y decía “Japón”, mucha gente me comentaba que estaba deseando ir a ese país por primera vez y, los que ya habían ido, me decían que estaban deseando repetir. ¿Qué tendrá Japón para que todo el mundo quiera volver? Me quedé intrigada pero, una vez allí, lo entendí todo. Hay tanto que ver, que pasear, que aprender y que disfrutar, que el tiempo nunca es suficiente.

Viajar a Japón ya estaba en mi lista de destinos pendientes desde hace años por varios motivos: su mezcla de tradición y modernidad, su cultura social y su gastronomía eran algunos de los motivos que me empujaban con más fuerza a visitar el País del Sol Naciente.

Trece noches en Japón parecían muchas, pero enseguida me di cuenta de que iba a ser imposible poder conocer todo lo que teníamos pensado. Contábamos con un plan hecho a medida para hacer en pareja a nuestro aire, sin horarios prefijados pero con la intención de poder exprimir al máximo los días. Pronto nos percatamos de que los tiempos eran demasiado ajustados, ya que nuestra planificación implicaba dedicar pocas horas a cada visita, así que decidimos no apurar los tiempos y disfrutar de cada lugar sin la presión del reloj. Si hay algo que nos ayudó mucho a la hora de movernos fue haber escogido alojamientos cerca de las estaciones de tren, lo que nos permitía ahorrar bastantes minutos en desplazarnos tanto por la ciudad en la que estábamos como para hacer alguna excursión de día entero, por ejemplo.

La ciudad de llegada fue Osaka, donde pasamos dos noches. En la que es considerada la tercera ciudad más grande de Japón es imprescindible visitar su castillo de Osaka, el barrio retro-futurista de Shinsekai o el cercano castillo de Himeji, al que se llega tras un trayecto de 45 minutos en tren. Otro imprescindible de Osaka, es su célebre barrio Dotonbori, muy famoso por sus neones. Dotonbori es sin duda el barrio de entretenimiento por excelencia, paseando por sus calles descubrirás la cultura teatral que hizo crecer esta zona: teatros kabuki, bunkaro y karakuri se entremezclan con la modernidad de la ciudad. Hiroshima fue la siguiente parada. Una noche allí fue suficiente para visitar el Parque Conmemorativo de la Paz, su museo y la cúpula de la bomba atómica. Al día siguiente, antes de partir para Kioto, dedicamos la mitad de la jornada a visitar la isla de Miyajima famosa por su enorme torii rojo sobre el agua frente al Santuario de Itsukushima. Nuestra decepción fue que no pudimos ver el torii porque estaba en plena restauración cubierta de andamios y telas. De todas formas, la belleza del santuario en un enclave precioso junto al mar hizo que la visita mereciese la pena igualmente.

La siguiente ciudad que visitamos fue Kioto, en la que pernoctamos tres noches. Insuficientes, a mi parecer. Más de medio día lo dedicamos a visitar Nara, conocida por sus ciervos que campan a sus anchas conviviendo con los visitantes. Perderse por su enorme parque, visitar el templo Kofuku-ji y el templo Todai-ji -el templo de madera más grande del mundo y donde se encuentra el Daibutsu o Gran Buda-, dar de comer galletas a los ciervos o subir hasta el templo Kasuga-Taisha son algunas de las actividades imprescindibles. Ya de vuelta en Kioto visitamos uno de los santuarios que más nos gustó: Fushimi Inari. Sus interminables caminos de más de 5.000 torii de naranja intenso van serpenteando la colina ofreciendo una excursión de lo más agradable. Recomendación: visitarlo muy temprano, sobre las 7:00 horas, para evitar a las hordas de turistas que sobre las 10:00 horas ya comienzan a invadir todos los caminos. Merece la pena hacer el esfuerzo de madrugar para verlo sin mucha gente y sin altas temperaturas. Otros puntos de interés en Kioto son el templo Kiyomizudera, al este de la ciudad. Su fascinante balcón -actualmente en obras-, la pagoda de tres pisos Sanjunodo o los mil Jizo son algunas paradas obligadas de las más de 30 que se pueden visitar. Lo mejor es seleccionar. Para completar la estancia en Kioto visitamos también Kinkaku-ji, también conocido como Pabellón Dorado y nos quedó pendiente el Castillo de Nijo, muy recomendado también en las guías. Sobra decir que pasear por Kioto es obligatorio: el barrio Gion, conocido por sus geishas, y Pontocho junto al río Kamo.

El siguiente hotel de nuestra ruta se situaba en Kanazawa, ciudad samurai por excelencia y mucho más tranquila en comparación con Kioto. Aquí tocó pasear por los distritos de geishas de Higashi Chaya y Kazuemachi Chaya y por el barrio samurai conocido como Nagamachi. Completaron nuestra estancia la visita al mercado Omi cho, una ruta por los jardines Kenrokuen y el parque del antiguo castillo de Kanazawa. El segundo día lo dedicamos a una excursión a Shirakawa-go, una aldea histórica Patrimonio de la Humanidad y famosa por sus típicas casas de estilo gassho-zukuri hechas de paja y con sus tejados triangulares muy inclinados. Merece la pena contratar una visita guiada para descubrir cómo se organizan para vivir y para aprender de sus costumbres.

Pasado el ecuador del viaje quedaba por visitar Hakone, famosa por sus baños termales y sus vistas al monte Fuji. Aquí teníamos pensado visitar el Lago Ashi, el Valle del Infierno de Owakudani y el Teleférico del Monte Komagatake pero la llegada inminente del tifón Hagibis nos impidió hacer actividades al aire libre y tuvimos que apurar la visita a Hakone para poder llegar a Tokio antes de que cancelaran los trenes el sábado 12 de octubre al mediodía. Solo nos dio tiempo a disfrutar de algunos manjares como los pastelitos al vapor conocidos como onsen manju, las galletas senbei a la parrilla y las tartaletas de queso y miel de la pastelería Grand Riviere. El temporal nos permitió únicamente disfrutar del onsen del hotel. Los onsen son las aguas termales que bajan desde la montaña procedentes de la actividad volcánica. Hay unos 2.300 en Japón y en Hakone se concentran la mayor parte de ellos. Para que la experiencia en Hakone sea lo más completa posible es recomendable alojarse en un ryokan (alojamiento tradicional japonés) y dormir sobre futones.

Ya solo nos quedaba visitar Tokio. Teníamos previsto pasar cuatro noches y tres días enteros, pero a causa del tifón tuvimos que pasar las primeras 24 horas en la capital nipona encerrados en el hotel hasta que amainara el tifón. De hecho, ese día no había nada abierto, ni museos, ni tiendas, ni templos, ni transporte público. A partir del domingo empezamos a disfrutar de Tokio visitando el templo Senso-ji, el santuario Meiji-Jingu y viendo a los bailarines de rockabilly en el parque Yoyogi. Al haber perdido un día tuvimos que apurar mucho las visitas y descartar algunas.

Finalmente, pudimos ver el parque Ueno, pasear por Harajuku, Takeshita Street, Shinjuku, cruzar los pasos de cebra imposibles en Shibuya y perdernos por Omoide Yokocho, el conocido como callejón de los yakitori. Para los amantes del frikismo y el mundo otaku es parada obligada el barrio de Akihabara y Nakano Broadway. Subirse a algún rascacielos y ver Tokio desde las alturas también era uno de nuestros objetivos. Tras dos intentos frustrados en la torre del Gobierno Metropolitano optamos por contemplar las vistas desde la torre de Yebisu Garden Place. Y ya para terminar nuestra estancia decidimos hacer dos planes a cubierto: alquilar una sala privada en un karaoke para intentar convertirnos en grandes estrellas de la canción y visitar el museo de arte digital TeamLab Borderless, en Odaiba, un mundo sin fronteras de luz, visuales, música y texturas que no deja a nadie indiferente.

¿Por qué volver a Japón?

En un viaje de apenas dos semanas es muy difícil abarcar todo lo que a uno le gustaría en un país tan completo como Japón. Aunque la lista sería interminable, seleccionaría estos cinco planes para mi próxima visita:

1. Ver el Monte Fuji en un día despejado

Nuestra intención era verlo desde el teleférico del Monte Komagatake, pero el tifón ya estaba casi rozando tierra en Japón y fue imposible divisarlo, por lo que queda pendiente para otro viaje a Japón.

2. Visitar ciudades como Kamakura, Yokohama, Takayama, Nikko o la isla de Hokkaido

Kamakura, ciudad costera famosa por sus templos y santuarios y donde se encuentra el Daibutsu o Gran Buda; Yokohama, considerada la ciudad más futurista del mundo y la segunda más grande del país; Takayama, en plenos alpes japoneses, es un destino para retroceder en el tiempo y empaparse de tradición y, Nikko, cuyos monumentos fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999 y cuyos santuarios y naturaleza sorprenden a todo aquel que la visita. Y por último si quieres descubrir la cara menos típica de Japón tienes que visitar la isla de Hokkaido. Descubrirás el lado más salvaje de Japón, en esta isla del norte de Japón te podrás adentrar en 6 parques nacionales sin lugar a dudas el más recomendable es El Parque Nacional de Daisetsuzan(el más grande de Japón). Daisetsuzan, quiere decir “Gran montaña de nieve” adentrarte en estos paisajes es sin duda una experiencia inolvidable.

3. Saborear (aún más si cabe) los manjares japoneses

Hemos probado casi de todo: sushi, ramen, soba, okonomiyaki, gyozas, sopa miso, tempura, yakitori, carne de hida, tonkotsu, onigiris, udon, kitkats de sabores… Repetiríamos todo esto y añadiríamos la carne de wagyu, bento, ajinoya, pastelitos de Totoro, dorayaki, doburoku, donburi, sukiyaki y paramos de contar porque se nos hace la boca agua. Japón es un país para comérselo.

4. Recorrer las principales calles de Tokio como Mario Kart y aprender a bailar en las máquinas de baile de las salas de recreativos

Para poder manejar un Mario Kart es necesario tener en vigor el carnet de conducir internacional. Muchos turistas se disfrazan para pilotar como si estuvieran dentro de un videojuego, ¡planazo! Poder seguir el ritmo en las máquinas de baile es otro de los retos a lograr en una visita próxima para estar a la altura de la población local que tantas horas pasa practicando.

5. Seguir admirando a la población japonesa

Me refiero a sus modales, su forma de organizarse, su comportamiento silencioso y su limpieza, entre otras cosas, ya que analizar lo evolucionados que están en hábitos sociales bien merece un artículo aparte.

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