MONFORTE / LA VOZ

Las minas de oro romanas a cielo abierto de O Covallón, O Vogo y A Escrita -en el municipio de Ribas de Sil- se encuentran entre los elementos más destacados del geoparque Montañas do Courel. La más espectacular es la primera de ellas, un gran socavón abierto en la montaña con unas paredes de hasta cerca de sesenta metros de altura. La presencia del Imperio Romano en estos parajes dejó otro rastro mucho menos llamativo, pero también muy singular. Hace más de setenta años, las labores agrícolas y las obras de arreglo de un camino que daba acceso a varios fincas desenterraron una curiosa colección de ladrillos de aquella misma época en las cercanías de la mina de O Covallón.

Un vecino de la aldea de As Portas que pide ser mencionado como Agenor era muy joven por entonces, pero recuerda bien cómo se produjo aquel hallazgo. Algunos ladrillos que aparecieron al acondicionar el referido camino -dice- «daba a impresión de que estaban aliñados». Al desconocer su valor arqueológico, varios vecinos se llevaron muchas de estas piezas para reaprovecharlas en distintas obras. «Algúns lévaronos a sacos», agrega. Él mismo utilizó algunos de esos ladrillos en un horno que construyó en su casa -y que sigue existiendo en la actualidad- y guardó otros por si los necesitaba más adelante.

Piezas de barro cocido

Al cavar el terreno, los vecinos también encontraron otras piezas, consistentes en pedazos de barro cocido, que no parecen otra cosa sino fragmentos de tégulas o tejas romanas. Todo hace suponer que estos restos constructivos preoceden de un antiguo poblado asociado seguramente a las explotaciones mineras.

Los ladrillos descubiertos por los vecinos de As Portas son del tipo conocido como «bessales», que se utilizaban habitualmente para construir las columnas que soportaban el piso de los llamados hipocaustos, unos sistemas de calefacción empleados en las viviendas y las termas. Estos ladrillos de forma cuadrada fueron usados a partir del siglo I antes de Cristo y se fabricaban en diferentes dimensiones estándar. Algunos medían 19,7 por 22,2 centímetros de lado, mientras que otros -los utilizados en las termas- solían medir entre 18 y 24 centímetros de lado. Los que aparecieron en las proximidades de la mina de O Covallón miden unos 25 centímetros, pero entrarían igualmente en el grupo de los «bessales». Cabe suponer que estos materiales formaron parte de una vivienda de militares o funcionarios que trabajaron en las explotaciones auríferas y que contaría con un hipocausto. Estos sistemas de calefacción constaban de un horno de leña donde se generaba aire caliente que circulaba por unas canalizaciones subterráneas y caldeaba los suelos. Agenor recuerda precisamente haber visto un viejo horno de piedra -que tal vez perteneció a esta instalación- muy cerca del lugar donde aparecieron los ladrillos. Pero este punto, situado junto al camino, está hoy tapado por la maleza.

En el entorno de este antiguo conjunto minero, por otro lado, sobresale un roquedal conocido como Pena do Cocote. El vecino de As Portas recuerda que cuando él era un niño apareció en un agujero de este peñasco un puchero de barro tapado con un trozo de pizara que estaba lleno de monedas. «O home que o atopou era un pobre que andaba coas cabras por ese sitio e parece ser que lle deron dez pesetas polo pucheiro», dice. En otra ocasión, cuando él y sus familiares araban un terreno situado por detrás de la Pena do Cocote apareció en el suelo una vieja moneda. «Leveina para a miña casa, pero logo desapareceu e non sei quen ma levou», añade.

Cerca de O Covallón está también el llamado Pico do Campo y en sus cercanías -siempre según el vecino- había una mina de hierro al descubierto. Quizá de ese yacimiento salió el metal con que se fabricaron las herramientas empleadas en las minas. Por debajo de la Pena do Cocote, dice asimismo Agenor, hay un lugar llamado Penela de Ferro. «Chamábase así porque cando pasaban os carros por ese lugar, facíano sobre un piso totalmente cuberto de ferro», concluye el vecino.

DESDE SAN CLODIO

Hay que salir de San Clodio por la carretera que lleva al Alto da Moá y Castro Caldelas. En el kilómetro 2 hay un desvío a Lousadela, que está a cinco kilómetros del cruce. Allí hay que tomar una pista de 1,3 kilómetros hasta la aldea de As Portas, donde empieza una ruta a pie hacia las minas

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Oro y ladrillos romanos en As Portas