La catedral de las lavanderas

Betanzos conserva una construcción singular de 1902: un gran edificio consagrado al oficio de lavar. Las lavanderas hace tiempo que ya no lo habitan, pero no es difícil imaginárselas todavía al pie del río Mendo.

El edificio sorprende por su monumentalidad y la armonía de sus proporciones
El edificio sorprende por su monumentalidad y la armonía de sus proporciones

Redacción / La Voz

Mucho antes de que se empezasen a ver lavanderías automáticas en las calles, antes de que la lavadora y la secadora se convirtiesen en electrodomésticos imprescindibles, se lavaba en los ríos. Era un trabajo duro, expuesto al rigor de los elementos y a la incomodidad de trabajar sobre una piedra lisa desde la ribera. Y era un trabajo exclusivamente femenino, convertido por no pocas mujeres en un medio de vida, quienes poco a poco fueron contando con instalaciones que facilitaban su labor.

Betanzos conserva a orillas del río Mendo un edificio singular, consagrado por entero a las lavanderas. Inaugurado el 17 de agosto de 1902, su construcción fue auspiciada y sufragada por los hermanos García Naveira, entre cuyo legado benéfico se conoce sobre todo el parque del Pasatiempo, y que también promovieron dos escuelas, un asilo y este lavadero, entre otros.

Las dos filas de pilones permitían lavar en función del caudal del río; hoy están llenos de lodo
Las dos filas de pilones permitían lavar en función del caudal del río; hoy están llenos de lodo

Comparado a lavar al aire libre, el inmueble debía de ser como una catedral. Lo parece hoy, como testigo de una época que ya vive en el sepia de las fotografías y en la memoria de quienes lo usaron, como también lo parecía entonces, acogiendo a las lavanderas con la dignidad de la obra pública. Sus facilidades eran asombrosas por ingenio y técnica: dispone de dos filas de pilones para lavar en función del caudal del río, un segundo piso para tender la ropa a cubierto y una sala para el descanso del agua fría al calor de una lareira.

El lavadero dispone de una segunda planta en la que tender la ropa
El lavadero dispone de una segunda planta en la que tender la ropa

Visitarlo es un viaje en el tiempo y también una experiencia estética. No solo maravillan la monumentalidad y armonía de sus dimensiones, también regala detalles hermosos: una flor de forja, la decoración vegetal en fundición o cemento, escudos de Betanzos y Argentina. Hoy es muy difícil ver a alguien lavando -aunque hay quien lleva ropa a secar y algún peregrino del vecino Camino inglés enjuaga su ropa cansada-, pero el lavadero ofrece un refugio temporal a los ajetreos de la vida moderna. Como se escribió en La Voz con motivo de su inauguración: «El edificio es excelente. Sirve para mucho más que para el objeto a que se le destina».

 

Hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX el lavadero era una instalación muy utilizada
Hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX el lavadero era una instalación muy utilizada

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