Inmersión en el reino del silencio

El monasterio de Caaveiro, situado en plenas Fragas do Eume, ha pasado de retiro espiritual a lugar de peregrinación obligada para los turistas que se acercan a la comarca de Ferrol


ferrol / la voz

Silencio total. O casi. Solo el canto de los pájaros, el susurro del follaje de los árboles y el rumor del río se dejan oír en el entorno del que se ha convertido en el monumento más visitado de Ferrolterra. Un monasterio declarado bien de interés cultural y fundado hace doce siglos por un grupo de eremitas en pleno corazón de las Fragas do Eume. El efecto imán de Caaveiro es hoy mensurable. Solo durante el último verano cerca de 25.000 turistas no han querido perdérselo.

A 15 kilómetros del bullicio de Pontedeume, la villa de los Andrade, y a 7 del cartel de Welcome que preside la entrada al parque natural en la parroquia de Ombre, de donde parte la estrechísima carretera que conduce al lugar bordeando el cauce fluvial, se erige, en un promontorio sobre el río, el monasterio, rehabilitado hace ahora siete años. Su efecto llamada se refuerza con el paso del tiempo, tal y como reconocen en el centro de recepción de visitantes.

De hecho, apuntan que, a diferencia de lo que ocurre en la temporada baja, momento en que los interesados por las Fragas do Eume son, sobre todo, senderistas, en verano la gente que se acerca a este espacio natural quiere fundamentalmente descubrir Caaveiro (A Capela). «Siempre recomendamos que hagan una ruta combinada, que aprovechen para ver el monasterio, que se encuentra en un emplazamiento privilegiado, pero también su entorno», apunta Carlos Franco, técnico del parque natural.

En esta línea, explica que existe una ruta de senderismo circular de apenas veinte minutos que permite descubrir el conjunto arquitectónico y cómo afectó su existencia al entorno: terrazas de cultivo, caminos, molinos... Aunque mayor enjundia tiene la ruta de Encomendeiros, de unas dos horas, y que parte de uno de los puentes colgantes sobre el río. «Nos visita un público muy familiar y gente que quiere conocer la naturaleza, pero sin grandes pretensiones, ver mucho en poco tiempo, algo casi imposible en un parque natural», alega.

«En verano, nunca bajamos de las 500 visitas diarias», apunta Ángela, vigilante de seguridad del cenobio desde hace cuatro años. Lo hacía tras despedir a más de 60 escolares ferrolanos que se acercaron en una ruta desde A Capela. Destaca además el papel que en el éxito de Caaveiro, que ofrece unas vistas privilegiadas del bosque atlántico mejor conservado de Europa, ha tenido el servicio de buses lanzadera que funciona durante la época estival, lo que permite llegar al lugar salvando a pie solo la dura cuesta empedrada de apenas medio kilómetro.

«Cómo habrán hecho para traer tanta piedra hasta aquí», se pregunta el palentino Jorge, en tanto se afana, junto a Vanesa, en tratar de captar con su cámara la magia de un lugar excepcional que contemplan por primera vez. Mientras, otra pareja, Rebeca y Marcos, procedentes de Cangas, se adentran en las cámaras visitables -la casa de los canónigos, el pabellón de don Pío, la iglesia de santa Isabel, la Casa del Horno, las caballerizas- tras pasar el emblemático atrio del monasterio y comentan «lo bien conservado que está todo» y que «el entorno es una pasada». No es casual que Caaveiro compita ya con Compostela, A Coruña o el castillo de San Felipe entre los objetivos favoritos de los cruceristas que recalan en el puerto de Ferrol.

Por si fuera poco, de la mano de la Deputación da Coruña, el monasterio ofrece hasta el 27 de diciembre visitas guiadas gratuitas los viernes, sábados, domingos y festivos, en horarios de mañana (11.30, 12.30 y 13.30 horas) y de tarde (15.45, 16.45 y 17.45 horas), aunque, como señalaba un grupo de jienenses, «solo por el paisaje y el silencio el viaje ya vale la pena».

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