Tiene todos los ingredientes que podemos encontrar en el típico pueblo marinero de Galicia. Playas de finísima arena blanca, acantilados y rutas de senderismo, restaurantes provistos de buenas dosis de pulpo y empanada, miradores que quitan el hipo y hasta fiestas patronales y carnaval de verano. Ons lo tiene todo y, sin embargo, siempre fue el segundo plato. La opción B del Parque Nacional das Illas Atlánticas, del que forma parte desde el 2002 y en el que también están Sálvora, Cortegada y, por supuesto, las Cíes, la estrella de los archipiélagos. Hasta ahora.

La saturación de turistas y la falta de billetes en temporada alta a las islas de la ría de Vigo impulsan a su hermana pequeña. En el 2017 Ons registró un aumento de visitantes de más de 6.000 personas, el 75 % del incremento de llegadas a este Parque Nacional. Todavía muy por detrás de las Cíes (adonde fueron el 67,9 % de los 327.149 pasajeros que pisaron el verano pasado una de las cuatro opciones de las Illas Atlánticas), el boca a boca y las redes sociales están relanzando su popularidad. Entre julio y septiembre del 2017 unas 88.306 personas desembarcaron en Ons. El temor es que el efecto rebote pase factura. Que las hordas de visitantes rompan con la magia de la última isla habitada, con permiso de A Illa de Arousa. El plan para imponer un cupo de 1.800 pases diarios todavía está en fase de aprobación por la Xunta. El colectivo ecologista Anduxía alerta que por aquí pasan 4.000 personas cada día de julio y agosto.

Qué ver y cómo llegar

Bueu, Portonovo y Sanxenxo son los puertos más próximos, aunque las compañías navieras cuentan con salidas desde Marín o Vigo. La naturaleza es uno de los atractivos indiscutibles. Importantes colonias de aves marinas y unos fondos submarinos de gran riqueza. En tierra firme, las pendientes suaves dominan su mitad oriental, con playas extensas como Melide. En su extremo sur el litoral es más abrupto, salpicado de acantilados y furnas como Buraco do Inferno.

En Ons el viajero puede visitar un pequeño museo donde se explica cómo era la vida isleña hace cien años; pasear por las aldeas como O Curro o vivir la experiencia de dormir a cuatro kilómetros de la costa en alguna de las casas rehabilitadas para su alquiler turístico. Lugar de refugio de piratas, los primeros colonos llegaron en el Paleolítico. Aunque en 1953 vivieron aquí 530 personas, ahora apenas residen un puñado de isleños. Destino Starlight, Casa Checho asegura la actividad nocturna, incluso cuando la isla queda a oscuras, a partir de las 01.00 horas. Hasta la mañana no hay electricidad, pero en Ons siempre hay vida. La desconexión que se respira a millas de la costa con la brisa del Atlántico es motivo suficiente para desembarcar en la isla y velar por que su espíritu siga a salvo del turismo más depredador.

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Ons, la última isla (sin puente) habitada