San Vicente: el oasis de las Rías Baixas

Recorremos el lado menos conocido de «la península de las playas»


Es la península de las rocas. Pero también de las playas, como presume su ayuntamiento. Casi diez kilómetros de arenales. San Vicente aún conserva cierto aire remoto heredado de su pasado insular. El istmo que une O Grove -el concello del que forma parte- al continente se calcula que no tiene más de 500 años. En los sesenta unos constructores pusieron el foco en su extremo occidental, el que mira al Atlántico. El pico y la pala hicieron acto de presencia en pleno bum turístico nacional. La urbanización Pedras Negras trajo una nueva clase de residentes estacionales de clase media alta que transformaron la vida en San Vicente do Mar. Es el rincón de los conciertos del Náutico, del urbanismo trasnochado de los setenta y ochenta, de los chalés con salida a la playa y del tablado que transitan fascinados sus paseantes. Pero esta es solo una parte de un pueblo, San Vicente, de apenas 1.100 habitantes e invicto de los efectos más negativos que a veces puede acarrear ser un imán turístico: transformarse en una suerte de resort para veraneantes. Muchos lo conocen como «San Vicente Vello», aunque no pasaría nada si se cambia esa uve por una be.

Calas apartadas

El recorrido por este San Vicente menos transitado, o San Vicente pueblo, para los vecinos, comienza en el Petón Con Negro. Un conglomerado rocoso próximo a la boca de la ría de Arousa que mira a la isla de Sálvora hacia un lado y a la playa do Con en el opuesto. Esta es la primera parada en una ruta para los que gusten de calas casi salvajes y aún no masificadas. La siguiente es la playa Castiñeira. «Es un rincón de las Rías Baixas que se aleja de las playas concurridas, donde puedes encontrar calas en las que pasar un día de playa prácticamente en soledad. Aguas cristalinas y rocas que se amontonan a su antojo. ¡Te trasladan a un paisaje casi lunar!», exclama Alejandro, cántabro y encantado de descubrir este arenal. «Esto es perfecto para los amantes de la naturaleza que buscan la calma», incide.

La siguiente es la playa de los Franceses. Arenas finas y blancas protegidas por las rocas. Algo que se agradece cuando sopla fuerte el viento del norte. Luego vienen O Carreiro, junto al yacimiento arqueológico del Adro Vello, y la de Barreiriño. Son la antesala de uno de los arenales más populares en la cara arousana de la península: Area Grande, con bandera azul. En la parroquia más extensa y con menos densidad de población del concello -la otra es O Grove, donde viven el 90 % de los habitantes del municipio- hay playas para practicar kitesurf o windsurf, Mexiloeira, calas protegidas por un pinar, As Pipas, y otras que presumen de una puesta de sol única en los meses estivales. Es el caso de Area de Reboredo, donde está Areaso Beach. «Esta parte de San Vicente está por explorar, é coma un recuncho afastado», y mágico, añadiría Robin Prol, responsable del chiringuito. «A mí me gusta San Vicente a morir. Su paisaje... ah, ¡qué te voy a contar de su paisaje! Hay playa pero también monte y naturaleza. Puedes salir de la arena e ir a coger frutas silvestres», resalta Fanny González, una incondicional.

Miradores como A Siradella, con su merendero, o Con da Hedra, donde pastan vacas cachenas y se otean Cíes, Ons y Sálvora; un restaurante con Estrella Michelin, Culler de Pau; un museo con espacios al aire libre, Salgadeiras; o los paseos por punta Moreiras son otros motivos para perderse por esta península.

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