«Slow travel»: viaja intensamente

El movimiento que aboga por un turismo «auténtico» es tendencia

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Pagamos por pasar unos días estresados. La realidad es esta. La presión por alardear de destinos exóticos, variopintos y, a poder ser, cuantos más mejor, aleja las vacaciones del significado para el que nacieron: el descanso y la desconexión. Sin embargo, cada vez son más los que pisan el freno. Lo notan las empresas turísticas, que ya empiezan a modificar sus paquetes. Es la apuesta de las agencias de viajes británicas, la Abta, para los próximos años, según su informe del 2018. También la tendencia que se palpó en el último foro del Guest Summit, referente del sector junto a Fitur. A escala autonómica, lo que muchos han dado en llamar slow travel, está agitando la oferta turística del litoral oriental de la comunidad. Se agrupan en el colectivo Turismo Slow Norte de Galicia.

A él están adheridos 48 alojamientos y colaboran con distintas empresas de zonas como A Mariña, Ortegal, y toda la costa ártabra. «Hai novas solicitudes para entrar, pero no proxecto non nos interesa tanto a cantidade como a calidade», apunta María Traveso, una de sus impulsoras. «Esta filosofía tradúcese na intención de coñecer verdadeiramente os destinos, non pasar sen máis por eles. A nosa base está na artesanía do trato a través dos responsables dos aloxamentos. Eles recomendan aos hóspedes os lugares que visitar, as experiencias e rutas que facer, onde comer... Esta hospitalidade require dunha formación constante e comprometida», añade Traveso. Quieren que los viajeros sean «os protagonistas do seu tempo libre», describe.

Oportunidad económica

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La iniciativa, promovida por pequeñas empresarias -las mujeres fueron las primeras en creer en esta alternativa- está regenerando un renacer del turismo sustentable en la zona. «Os viaxeiros que recibimos permanecen polo menos unha semana no destino, non pretenden recorrer Galicia enteira en catro días. Escollen aloxamentos pequenos e intentan relacionarse coa xente que vive no lugar. O aumento do gasto turístico sempre é probable que medre así», explica Traveso.

Mari Luz Pena forma parte del colectivo. Es la copropietaria de Casa do Batán, en Viveiro. «Para nós significa apostar polo territorio, poñer en valor a nosa gastronomía, o noso patrimonio», resume. «Transmitimos a nosa cultura aos hóspedes. Contamos a historia que hai detrás dos produtos do almorzo, dos acantilados que camiñan e das praias que pisan -aprenden a gozar delas aínda que chova-. Nós non podemos vender turismo de sol, e tampouco o pretendemos», insiste Mari Luz. «Abandonar os circuítos de moda, descubrir paraxes naturais non masificadas, menús caseiros... quen di que non a isto?», pregunta.

En Cabanas, Rosa Álvarez, de A Casa de Rosa, es otra de las hosteleras dentro del slow travel. «Solo recomiendo sitios que conozco y siempre me sorprende la actitud con la que responden los clientes. Quieren conocer esto», asegura Rosa. Entre las actividades que ofrece el Hotel A Miranda, en Cariño, están las sesiones de yoga con vistas al mar y a una extensa pradera. «Que pode haber más slow ca isto?», lanza Marisa Cabanas, su propietaria.

Experiencias «auténticas»

La autenticidad del norte se puede descubrir con travesías en un velero por cabo Ortegal, con Queresvela, o con el descenso del río Sor en canoa. Todo sin motores. «O da praia e o sol quedou atrás», opina Marisa Cabanas. Lucía Catuxo, maestra ceramista en Casa do Cura, en Trabada, forma parte del colectivo que quiere ir más allá de la etiqueta slow. «Hay muchas más cosas que ver que los monumentos. Las rutas por talleres de artesanos invitan a que entren y conozcan cómo se elaboran las piezas», apunta Lucía, que no cobra por la entrada y recomienda otras experiencias como Cerámica Regal, en Viveiro, o Asteleiros Fra, en San Cibrao.

El movimiento slow, que comenzó en 1986 por un periodista italiano indignado por la apertura de un restaurante de comida rápida en la romana plaza de España, se extiende hoy por toda Galicia. En la web de Slow Hotels se pueden consultar los alojamientos. El porco celta, la centolla de Lira o el millo corvo son tres de los productos gallegos dentro del colectivo internacional Slow Food. Hay más empresas que defienden esta filosofía. «Elaboramos o viño paseniñamente e queremos que así sexa degustado», sostiene Juan Luis Méndez Rojo, gerente de la bodega Vía Romana, en Chantada. Como ya aconsejó Mafalda, pisen el freno porque «lo urgente no deja tiempo a lo importante».

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