Aldán, la joya de las rías gallegas

Recorremos una costa única que aún puede presumir de calas vírgenes


El secreto de la costa pontevedresa es una ría en miniatura. La delimitan cabo Udra, en Bueu, y punta Couso, en Cangas. Y, aunque «realmente no es una ría porque no está generada por la erosión de ningún río», en palabras del profesor emérito de Geología de la UDC, Juan Ramón Vidal Romaní, que la definió en una entrevista a Radio Voz como «un entrante profundo en la costa de la ría de Pontevedra», Aldán encarna el paraíso terrenal de las calas en Galicia. Por su cantidad en tan poco espacio de litoral y, ante todo, por su calidad. Concentra una veintena de playas de arenas finas y blancas protegidas del viento y del oleaje. Arenales vecinos entre sí, se puede pasar trepando por las rocas de San Xián a Pipín, o caminando desde este a Castiñeiras. Además, proporciona la meta con la que sueña todo buen viajero: calas recónditas, desconocidas para el gran público y hasta para los vecinos (por lo que no desvelaremos aquí ni sus nombres ni su localización).

Se la reparten dos municipios, Bueu y, principalmente, Cangas. En su cara occidental están las playas de la parroquia de O Hío, (Cangas). Justo enfrente, las de Aldán (Cangas) y Beluso (Bueu), en la boca de la ría. Aunque empiezan a ser muy populares -y a llenarse de coches en viales y caminos que no estaban preparados para recibir a hordas de turistas, sino para conectar las fincas con una salida al mar-, un recorrido por sus playas es un viaje más que recomendable. Advertimos: si prueba, seguramente no querrá ir después a otras.

Calas protegidas

Hay quien asegura que aquí el agua está excepcionalmente cálida si se compara con la temperatura media que tiene el mar en las rías de Pontevedra y Vigo, más abiertas. Un fan incondicional es Amancio Ortega. El fundador de Zara tiene especial predilección por la playa de Arneles. No llega por la arena, sino en su imponente yate, que ya forma parte del paisaje del arenal. Si él viene aquí, aseguran los vecinos, es que algo tiene esta ría. «En la península de O Morrazo la costa es endiablada, así que hay muchas calas. Lo característico de Aldán es que están resguardadas y abrazadas por lo general por arboledas que le confieren al agua un color verdoso espléndido», describe Andrea Nogueira, autora de la primera guía de Lonely Planet dedicada a Galicia. Solo cuatro de sus de sus arenales cuentan con bandera azul: Areabrava, en O Hío, es la más extensa; Menduíña, en Aldán; Area de Bon y Lagos, ambas de Bueu. Sin embargo, el distintivo no es una condición sine qua non para visitar sus arenales. Los accesos, a veces enrevesados, confieren un encanto especial a estas playas.

.CALA DE CASTIÑEIRAS
CALA DE CASTIÑEIRAS

Areacova, Francón, Menduíña o Lagoelas en la orilla este, y Pinténs, Arneles, San Xián, Pipín, Castiñeiras o Areabrava en el oeste. Ninguna de estas playas defrauda y, si tienen oportunidad, el plan perfecto comienza muy temprano, por la mañana, y un día de semana. Los fines de semana algunas ya sufren la inevitable masificación turística de la que son susceptibles todos los lugares bellos. Encontrar dónde aparcar no suele ser fácil. Los «leira párking» son la única opción en algunas.

Acceso en piragua o velero

Para los más intrépidos, hay calas por la zona de Vilanova, en O Hío, ya cerca de punta Couso, donde es preciso dejar el coche aparcado y adentrarse por serpenteantes caminos en medio del bosque para pisar arena. También hay cuevas a las que solo se puede acceder por el mar. En su cuenta de Instagram, Daniel Díaz, @danidiaz_85, recomienda algunas. «Todavía quedan playas no conocidas por el gran público, ya que su acceso es bastante complicado. Muchas solo las tienen dominadas los que tienen una embarcación», cuenta Daniel Díaz, que accede a ellas por piragua.

.CALA DE PIPÍN
CALA DE PIPÍN

Aunque parezca imposible en las Rías Baixas, «podemos encontrar arenales de gran belleza donde haya ninguna o pocas personas», asegura Díaz. La empresa Bluscus ofrece la posibilidad de conocer la ría a bordo de un barco o velero. Salen de Combarro y el puerto de Aldán. «Es una ría entre rías, muy pequeña, se atraviesa muy rápido, y a la vez es más acogedora e íntima», apunta Pablo Mariño, de Bluscus. Aguas cristalinas y arena que se escurre de las manos. Aldán asume un reto: el de un turismo sostenible que no corrompa su riqueza única.

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