¿Por qué todos se van a Marrakech?

«MAÑANA SERÁ OTRO DÍA Y OTRA CIUDAD DISTINTA», así es Marrakech, un caleidoscopio de colores cambiante e hipnotizador. Allí es difícil pestañear: si lo haces te perderás sus riads de ensueño, sus callejones rojos llenos de artesanía, su té con menta y sus tajíns de cordero. Estas son las razones por las que una vez pongas un pie en la ciudad roja no podrás dejar de pensar en ella


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Yves Saint Laurent se quedó enamorado de la ciudad marroquí en 1966, cuando la visitó por primera vez acompañado de Pierre Bergé. Se convirtió en su refugio y en su inspiración. Ahora, miles de franceses peregrinan a la ciudad roja para hacer cola durante más de una hora en el recién estrenado museo en homenaje al diseñador. Obra de Studio KO, completa la ruta de los turistas al Jardin Majorelle. Allí es casi imposible hacerse una foto: Marrakech es uno de los destinos más instagrameables del mundo. Pero hay otros muchos lugares con encanto. Toda la ciudad es una montaña rusa a través del tiempo. Un lugar en el que los sentidos se agudizan al máximo, mientras las horas transcurren muy lentas con un té con menta en la mano.

El corazón de Marrakech es la medina, la ciudad antigua dentro de las murallas. Un auténtico laberinto en el que te perderás sí o sí. Aquí se esconde una de las joyas de la corona de la ciudad roja: los riads, los alojamientos típicos marroquíes, y la primera razón por la que tus próximas vacaciones deberías pasarlas aquí. Un oasis en el medio del caos. Dentro es posible que te sientas como en el cuento de las Mil y una noches: te tratarán como a un rey o una reina, te mirarán hasta tal punto que te plantees quedarte a vivir allí una temporada. Eso es lo que le pasó precisamente a muchos de sus actuales propietarios: Elsa es la dueña de Riad Up, un paraíso urbano en el que la única precaución que deberás tener es no pisar a una de las tortugas que conviven en el patio central (son símbolo de buena suerte y las verás por todas partes). Esta mallorquina lleva media vida en Marruecos. Ocho años de viajes a la ciudad roja. Eso es lo que tardaron Cyrielle y Julien en decidirse a abrir su propio paraíso: Riad Jardin Secret, probablemente el riad veggie más fotogénico de la ciudad. Ella modelo y fotógrafa, él dedicado al mundo del marketing, lo cambiaron todo por esta casa que se construyó hace más de cien años. En realidad, son dos riads iguales, que mandó levantar su propietario original para sus dos esposas.

EL ZOCO

Otro motivo más para subirse a un avión rumbo a la ciudad marroquí: el zoco. Alfombras, cojines, alpargatas de rafia, vajillas… Todo lo que te puedas imaginar lo tienes en Marrakech. Todo se regatea, y aquí está parte del encanto: nada produce más satisfacción que el momento en el que aprietas la mano con el vendedor y cierras el precio. Sabes que estás saliendo perdiendo, pero ellos te hacen creer que has sido un negociador muy duro. Al final, se convierten casi en amigos: cuando vuelvas a pasar por delante de su puesto, y lo harás decenas de veces, te saludarán con alegría.

Orientarse por el zoco no es fácil: es probable que no sepas si subes y bajas, aunque al final acabarás guiándote por la vista: la tienda de bolsos que hace esquina, el de las especias… Todos los caminos conducen a la plaza de Jamaa El Fna, el corazón de Marrakech, el más turístico y el único en el que, probablemente, tengas que decir que no más de una vez a los vendedores o niños que se te acercan insistentemente.

Es otro monumento nacional, casi tan gratificante como una visita al Palacio de la Bahía. Solo necesitas saber una palabra: tajín. De cordero, de sardinas… Eso, y mucho cuscús, hummus y berenjena. Si te gusta la comida sana, no lo dudes, plántate en Marruecos. Y en disfrutarla en lo alto de una terraza con un sombrero de paja en la cabeza. En Berber Lodge, un sitio de revista a 40 kilómetros de Marrakech, podrás comer y dormir como un bereber mientras escuchas de fondo la llamada a la oración. Aunque para aventuras, la de dormir en el desierto, otra razón más para poner Marruecos en tu radar. Hay glampings de lujo, como Scarabeo Camp, para pasar una noche (o dos, eso depende de tu presupuesto, y de las plazas, que vuelan) contemplando las estrellas. Marrakech solo tiene una contraindicación: engancha. Cuando vuelvas a casa vas a pasarte semanas, meses, echándolo de menos.

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