En el corazón de Etiopía se encuentra Lalibela, una ciudad monástica, que cuenta con once iglesias medievales, excavadas en rojizas rocas, y que fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1978.

Esta localidad, que antiguamente se llamaba Roha, adoptó el nombre por el que la conocemos después de que el rey Gebra Maskal Lalibela, impulsor de la construcción de una nueva Jerusalén en este lugar, fuera canonizado por la iglesia cristiana ortodoxa del país. Cuenta la leyenda que el propio monarca construyó alguna de estas iglesias monolíticas con increíble rapidez, gracias a la ayuda de un grupo de ángeles. En la actualidad, muchos se refieren a ella como la Petra de África. Descubre con nosotros este fascinante destino subterráneo.

Biet Ghiorgis

Bete Giyorgis
Fuente: Wikimedia/Hulivili CC BY 2.0

Los templos de la ciudad de Lalibela se distribuyen en dos zonas claramente separadas por el canal de Yordanos, excavado también en la roca, que representa al río Jordán. Las agrupaciones arquitectónicas que configuran esta ciudad santa se comunican a través de numerosos túneles y pasadizos.

En la zona oeste se agrupan seis de las iglesias, mientras que en la zona este, podremos contemplar el resto. Sin embargo, la más importante de todas ellas es la iglesia de San Jorge (Biet Ghiorgis), la única que está separada de ambos grupos. Este inconfundible bloque en forma de cruz fue el último de los templos que se construyó en Lalibela y, a menudo, se la ha calificado como la octava maravilla del mundo.

Biet Medhani Alem

Biet Medhane Alem
Fuente: Wikimedia/Bernard Gagnon CC BY-SA 3.0

La iglesia del Salvador del Mundo (Biet Medhani Alem), también llamada el Hogar del Redentor del Mundo, es la más alta de todo el conjunto monumental. Con cinco impresionantes naves, carece de pinturas y reproduce la catedral de Santa María de Sión de Aksum. Se calcula que para construirla fue necesario retirar unos 15.000 metros cúbicos de rocas.

Este templo atesora la Cruz de Lalibela (Afro Ayigeba), una pieza de oro del siglo XII, de sesenta centímetros de largo y siete kilos de peso, que fue robada en 1997. Se localizó dos años después en Bélgica, donde un coleccionista la había comprado a un traficante por 25.000 dólares. Después de que las autoridades competentes llegaran a un acuerdo con el coleccionista, la cruz regresó a su destino en el 2001.

Biet Mariam

Bete Maryam
Fuente: Wikimedia/Bernard Gagnon CC BY-SA 3.0

Biet Mariam o la iglesia de María contrasta la sencillez de su exterior con la decoración que alberga en su interior, de frescos y bajorrelieves pintados. Todos los templos de Lalibela, incluido este, fueron construidos de igual forma, por lo que asombra contemplarlos teniendo en cuenta que se tallaron desde arriba hacia abajo. Por ello, desde que fueron descubiertos, han surgido las más variopintas teorías para explicar exactamente cómo pudieron hacerlo en la época.

Biet Mikael

Bet Golgotha Mikael
Fuente: Wikimedia/By Chuck Moravec CC BY 2.0

La iglesia de San Miguel (Biet Mikael) destaca sobre todas las demás por contar en sus muros con las esculturas de siete impresionantes santos, que rondan los tres metros de altura.

Biet Gabriel Rafael

Biet Gabriel Rafael
Fuente: Wikimedia/Rod Waddington CC BY-SA 2.0

La zona este es la más laberíntica de todo el conjunto monumental. Resalta en ella Biet Gabriel Rafael, con una planta irregular de tres vestíbulos y dos patios, aunque su decoración interior sea escasa. Se cree que su función original era servir de residencia real. Cercana a ella, Biet Amanuel, con sus más de doce metros de altura, albergaría la capilla real.

Biet Abba Libanous

Biete Abba Libanos (Lalibela)
Fuente: Flickr/SarahTz (CC BY 2.0)

Otras iglesias que podemos visitar en la zona este son Biet Merkorios, que se especula que podría haber servido de prisión, y Biet Abba Libanous, en cuyo interior todavía se conservan algunos de sus frescos.

Monasterio de Nakuto Laab

Monasterio Nakuto Laab
Fuente: Flickr/A. Davey (CC BY 2.0)

A seis kilómetros de Lalibela, es recomendable visitar el monasterio de Nakuto Laab, cuyo origen se remonta al siglo XIII. Excavado en una gruta, en un paraje de estanques naturales, su historia comenzó cuando el rey Nakuto Laab, después de un extraño sueño, decidió renunciar a su corona y retirarse a las cuevas que había en este lugar para vivir el resto de sus días como eremita. El tiempo terminó convirtiendo este sitio en un templo sagrado donde se encuentra el sepulcro de aquel monarca.

Yemrehanna Kristos

Yemheranna Kristos
Fuente: Wikimedia/Giustino CC BY-SA 2.0

La otra parada recomendada en los alrededores de Lalibela es Yemrehanna Kristos, en cuyo interior pueden admirarse bellos murales policromados con escenas de la Biblia. Aquí todavía habitan sacerdotes y ermitaños, y sigue siendo un importante lugar de peregrinación. A lo largo del tiempo, muchos peregrinos acudieron a morir a este sitio sagrado. Sus restos fueron enterrados detrás de su estructura, convirtiéndose una de las cuevas en un inmenso osario.

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Escritora y redactora gallega. Autora de los libros Las nueve piedras y El Libro del Único Camino, así como de numerosos relatos en revistas de género, colabora asiduamente con sus artículos y columnas de opinión en diversos medios digitales. Con la pasión y la curiosidad que la caracterizan, descubre el mundo a través de su historia, su cultura, sus lugares y sus gentes para difundir y compartir todo tipo de sensaciones y hallazgos. Porque todo viaje comienza con un solo paso.

1 Comentario

  1. Merece la pena la visita, el alojamiento en la zona no es caro, se necesitan dos días para una visita, y hay un restaurante donde se puede comer incluso tortilla de patata regentada creo recordar que por una alemana

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